entrevistado

marzo 18, 2013

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Por Román Helí Paredes
Fotografía: Karina Valcárcel

Pierre Castro es un escritor atípico al que no le gusta ser considerado un escritor ‘serio’, aunque el acto de escribir se lo tome con mucha seriedad. Sus historias están siempre relacionadas al humor porque, como él mismo cuenta, su primer acto narrativo fue en el colegio a través de los chistes. De eso conversamos en esta entrevista: su primer libro, sus inicios, sus influencias, su forma de ver la narrativa y la literatura en general, y sobre el Premio Copé de Plata que ganó el 2012.

¿Por qué Un Hombre feo?

Me gustan los títulos que parecen prometer una buena historia y eso sentí que pasaba con “Un hombre feo”. Sonaba simple, claro, casi como tener al tipo feo delante. Tengo debilidad por esas cosas. También me gustan los títulos extraños. He comprado libros de (Raymond) Carver sólo porque no pude resistirme a frases como: “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”, “¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?” o “Si me necesitas, llámame”.  También es cierto que le puse así  porque el cuento que da título al libro fue uno de los últimos que escribí y uno tiende a encariñarse con lo último que ha escrito. Verás, como “Un hombre feo” es mi primer libro, los cuentos que están compilados allí, son cuentos que escribí desde los diecisiete años hasta los veintinueve, es un montón de tiempo. Hay algunos cuentos que incluso ya me costaba leer pero “Un hombre feo” era un texto fresco que podía releer sin querer echar ácido muriático a mi cerebro. Recuerdo que, al principio, el cuento tenía un título más largo: “Un hombre feo, tan feo como un muerto fresco”. Incluso Lucho, uno de mis editores, propuso que lo cambiáramos por “¿Quién rayos es Steve Buscemi?” lo cual, por supuesto, me pareció mucha pastrulada, aunque al final igual imprimieron unos globos con esa frase y la cara del actor. Los repartimos el día de la presentación del libro.  Ahora, la respuesta que suelo dar y que tal vez tenga también algo de cierto, es que escogí el título porque en los 12 cuentos del libro, el personaje es, de alguna forma, un hombre feo.

¿Feos solamente en el sentido físico?

Cuando yo tenía catorce años me sentía feo; bueno, que diablos, probablemente es como todos nos sentimos a esa edad. Los personajes del libro se sienten feos porque son choteados: en su trabajo, por alguna chica, por sus viejos o incluso por su propia ciudad, se sienten apestosos. Me pareció que el título encerraba esa sensación, a pesar de que no pienso que los libros deban tener un concepto que una sus cuentos. He leído libros donde cada cuento dispara por su lado y me parece bien, no creo que tenga que haber necesariamente una unidad, no estás construyendo una casa ni una tesis.

¿Cómo llegas a sentir que necesitas publicar un primer libro? Porque sé que para que llegues a publicarUn hombre feo pasa mucho tiempo. ¿Qué es lo que te anima a decir: ya, debo publicar mi primer libro?

Siempre quise que mucha gente leyera mis cuentos porque cuando la gente te lee luego parece que lo que contaste realmente sucedió. Recuerdo cuando publicaba en los fanzines en los que escribí contigo, con Kara (Karina Valcárcel), era bonito saber que la gente nos leía.  Yo siempre quise publicar un libro, pero no me atrevía porque no pensaba que tuviera cuentos lo suficientemente buenos para sacarlos. Me contuve bastante hasta que me di cuenta que tenía como doscientos cuentos impresos en hojas bond y pensé: ya carajo, tengo que publicar. Al principio fue un shock porque yo mandé cuarenta y ocho cuentos y los de la editorial me dijeron: ya, puedes publicar estos seis cuentos. Y yo quería publicarlos todos. Al final quedaron estos 12. Se acabaron todas las copias del libro pero a mí todavía me cuesta sacarlo de mi librero y más aún abrirlo. Es como cuando miramos una foto de nosotros a los catorce años. En el mejor de los casos nos da risa pero a ratos también quisieras prenderle fuego.

¿Y cómo así fue la selección final de aquellos cuentos? ¿Estás de acuerdo con esto o piensas que debieron ir algunos que no fueron elegidos?

Ahora pienso que debieron ir algunos que no fueron elegidos y no debieron ir algunos que sí lo fueron, pero es algo que siempre pasa y está bien pues en parte esa inconformidad con lo que hiciste es la que te hace querer sacar algo nuevo. Lo que me  parece paja es que, por ejemplo, hoy me escribió un chico y me dijo: “Yo recién estoy comenzando a escribir, revisa mi blog, me gustan mucho tus cuentos y por eso te mando los míos”. Me dijo que le gustaba el cuento Tu pecho anaranjado, un cuento del que poca gente me habla o recuerda, y de pronto aparece este chico a quien le gusta mucho. Y en cambio, hay otros que a mí me parecen buenos, como Golfie, y un día viene una amiga y me dice que es muy largo y que es el que menos le gusta del libro. Es decir, siempre hay alguien a quien tu cuento lo toca. Al final no importa si quinientas personas me dicen que es un cuento asqueroso, siempre hay alguien a quien ese cuento lo vuelve loco y mientras suceda eso, para mí, es paga suficiente por haberlo escrito.

 

Tú me contaste alguna vez que pensabas, al principio, que si eras lo suficientemente bueno alguien te lo publicaría, en el sentido de grandes editoriales como Alfaguara o Planeta…

Es verdad… (risas).

A ver, cuéntanos.

Hace mucho tiempo le dije clarísimo a mi amiga Karen : “Yo no voy a publicar hasta que alguien pague por ello, que costee el costo de la impresión del libro”. Y lo creía firmemente. Estaba locazo. Creía que de alguna forma iba a suceder, pero luego me di cuenta que era algo muy difícil. Tendría que haber ganado algún premio para que alguien publicara algo mío sin conocerme. Me di cuenta de que la cosa no era así. Ya mucho tiempo después he leído que incluso escritores como Proust, por ejemplo, publicaron sus libros pagándolos ellos mismos. Hay cosas que tú escribes y sabes que son muy buenas, pero igual las editoriales no tienen por qué apostar por ti, no porque no crean que seas bueno, sino simplemente porque es difícil apostar por un libro y publicarlo. Lamentablemente, vender un libro, no depende únicamente de que sea bueno o no.

¿Tus historias son autobiográficas?

Sí, es decir, parten de algo que me ha sucedido pero que luego cambia. Es como tener un fósforo y convertirlo en un incendio. No me gusta escribir un cuento cuando ya conozco toda la historia. Prefiero escribir un poco a ciegas y ver qué va pasando mientras voy tecleando.  En Carta al África por ejemplo, es verdad que mi hermana trabaja de fotógrafa en un crucero. Tomé eso de la realidad. Pero nunca un africano millonario la metió en su maleta. Eso sucedió mientras yo escribía y desde entonces mi hermana me tiene supervisada su aparición en mis cuentos.  En This side up, es verdad que yo acababa de mudarme y que salvo por mi colchón, la casa estaba vacía y yo sentí que no necesitaba el resto de mis cosas. Eso fue el motor del cuento. La parte cuando llegan los de la mudanza y yo me escondo no es verdad, pero eso ya qué importa. Son autobiográficas en el sentido de que lo que las agita y las hace avanzar es algo que me pasó o algo que yo siento. Pero claro, en ese sentido, podría decirse incluso queLa metamorfosis de Kafka es autobiográfica. Es decir, acabo de leer “Carta al padre” y me ha quedado clarísimo que el pobre Franz realmente se sentía como una cucaracha en su casa.

 

Tú me dices: mientras a alguien le toque, está bien, te gusta eso. Pero también me interesa saber qué es lo que tú buscabas transmitir con este libro.

Creo que no buscaba transmitir nada específico, aunque siempre quise que mi libro fuese el tipo de libro que un colegial lleva siempre en su mochila o en el bolsillo de su pantalón. Esperaba una respuesta, sin duda, pero no sabía cuál iba a ser. Hay gente que le dio con palo al libro y otra gente a la que le gustó mucho y me cuenta que todos en su casa han leído mi libro. Hay una amiga que me comentó que se lo dio a su papá que es profesor de Educación Física, que nunca lee nada pero este libro se lo leyó de un tirón, le encantó, se rió y que está esperando mi próximo libro. Eso es algo que yo jamás esperé que sucediera, pero sucedió, fue tan inesperado que me sorprendió y me conmueve recordarlo.

A mí, en lo personal, hay uno que me gusta mucho con el cual me parece puedes justificar todo el libro:Cómo ganar un millón de dólares. Cuéntame un poco, cómo nació este cuento que te confieso es imposible no imaginarte a ti como aquel encargado enfrentándote a aquella señora gorda.

Yo nunca he trabajado en una librería como el personaje, pero la furia de aquel chico soy yo. Lo que me pasó fue que un día estaba caminando por un centro comercial y estaba en una tienda de ropa, una de estas grandes, Saga o Ripley, había un estante donde tenían una pila de libros, todos igualitos. Me acerqué porque me pareció extraño que vendieran un libro en la sección de ropa y entonces descubrí que era un libro de Deepak Chopra que se llamaba Como crear abundancia y para mí fue asqueroso, me pareció que la abundancia era algo que nadie debería buscar y esa visión, además dentro del centro comercial, fue como demasiada decadencia. Fui a mi casa y de ese asco nació aquel cuento, que al final terminó siendo más bien una historia chistosa. Imaginé que yo era este chico que trabajaba en una librería, que alguien va a comprar un libro de autoayuda y yo me vuelvo loco. Es uno de los cuentos que más me ha divertido escribir y también un de los más largos hasta este último con el que participé para el Premio Copé que tiene diecisiete páginas.

 

Tú no publicaste Un hombre feo por un motivo, no fue pensado para transmitir algo. Pero ahora, ¿Pierre Castro escribe con algún motivo?

No, gracias a Dios, no. Y creo que eso es lo mejor de escribir: uno lo empezó a hacer porque le provocaba, no era una tarea ni un oficio, es algo que necesitas hacer, no sabes muy bien por qué, pero algo te dice: escribe, hay algo en eso que estás sintiendo o imaginando que merece pasar al papel.  Yo sé que nadie está esperando mi cuento y eso es lo mejor, puedo dedicarle el tiempo que quiero, escribirlo cuando sienta que el cuento está para recibirlo y no lo planeo, no planeo más que estar ahí escribiéndolo.

¿Crees que el narrador tiene un papel fundamental en la sociedad?

No sé si tenga un papel, exactamente, porque eso me suena a rol y a tarea, pero sí me parece importante que existan escritores. Es decir, también me parece importante que haya albañiles para que construyan casas y campesinos para que cultiven papas. En todo caso, no me parece que el escritor tenga una misión salvo la de escribir lo que le dé la gana.  Es decir, si yo leo un libro de Borges y uno de Reynoso o de Ray Loriga o uno de Verne, no puedo agruparlos bajo un mismo frente como si fuesen un sindicato. Sus libros hicieron cosas diferentes en mí. Ficciones me voló el cerebro, Los Inocentes me hizo sentir joven, salvaje, inmortal; Loriga me hace querer encerrarme en un cuarto con nada más que discos, y Julio Verne hizo que un tipo inventara el aeroplano. Si alguien hubiese tratado de encarrilarlos en un papel o hacia una tarea tal vez no hubiesen hecho nada de lo que hicieron.

 

¿Cuáles serían tus mayores influencias literarias?

Una vez escuchaba una entrevista (a Julio Cortázar me parece) en la que él decía que uno habla de sus influencias y menciona los libros que le gustan. Es verdad que eso de alguna manera te influencia, pero la verdad es que esas no son tus auténticas influencias. Puedo decirte ahorita: Ribeyro, Bryce, Loriga, Salinger, Carver, me gustan mucho y me influencian; y yo quisiera que me influencien incluso más de lo que ya lo han hecho, pero la verdad es que yo creo que la influencia parte desde libros anteriores, de los libros de la infancia. Estos que te he mencionado los he leído cuando ya tenía quince, dieciocho, veinte años, unos incluso después, pero hay libros de mucho antes como por ejemplo Viaje al centro de la tierraLos Viajes de Gulliver que me volaron la cabeza. Incluso hay un libro que se llama Mis primeros conocimientos, es un libro sobre perros que de niño encontré en casa de mi abuela y que leí más de cincuenta veces. Es un libro de texto, pero está contado como una historia. Una historia sobre la vida de un perro. También escriben de los gatos y hay ilustraciones donde se ve a un gato bajando por el tubo de los bomberos. Cada vez que iba donde mi abuela, corría a buscarlo y me pasaba la mañana leyéndolo. Estoy seguro de que ese libro ha influenciado en mi forma de escribir más que Ribeyro, por ejemplo. Supongo que porque fue lo primero que leí, en ese momento uno está abierto a todo, eres un niño y estás aprendiendo a escribir. Ahorita, probablemente, si leo algo, tal vez me influencie momentáneamente durante el cuento que escribo en estos días, pero ya no a largo plazo. Últimamente, por ejemplo, estoy leyendo a los rusos, a Tolstoi, Dostoievski, Chéjov, los clásicos, me encanta su forma de narrar, es pausada, en el texto todo parece muy tranquilo, es como estar en otro tiempo.  Tú lees el libro, a pesar de que es un libro de más de mil páginas parece que estuvieras leyendo algo que vas a acabar pronto porque te atrapa. Me gustaría contar así, me gustaría que eso me influencie pero son libros que han llegado tarde a mi vida.

 

Te gustaría contar así. ¿Sientes que hay una necesidad de cambio en tu narrativa, en tu forma de contar?

Cada vez que leo un nuevo libro, ese autor me pone un poco loco y me digo que quiero escribir así. Cuando leo a Bukowski y son frases cortas en historias de borrachos y vagabundos me digo: sí, yo quiero escribir así. Pero después leo a Chéjov que es una historia con niños y nieve y digo: no, no, yo quiero escribir así.

Hay una crítica que te hacen mucho en las redes sociales, los blogs y foros, que es eres un escritor “poco serio” o que no has escrito nada profundo. ¿Qué es lo que tú les dirías?

Yo no sé a qué diablos se refieren con eso de ser un escritor serio.  La última vez que me lo dijeron fue porque había escrito un texto sobre mi guachimán, un pequeño ‘wachiturro’ a quien suelo prestarle libros. Justo ayer me quedé en la portería con él jugando golpeado.  Apostábamos 20 céntimos por partida. También le enseñé un par de trucos para adivinar cartas y se quedó locazo. Puede que aquello sea un acto trivial pero ¿no es acaso una buena historia?  No me gusta tomarme mucho en serio porque eso te cierra un poco. Yo trato con mucha seriedad el acto de escribir.  Es decir, cuando estoy escribiendo trato de hacerlo lo mejor que puedo. Es el único tipo de seriedad que me interesa. Nada tiene que ver con la historia que elijas contar o la forma en que lo hagas mientras estés comprometido con ella. Si es que no lo logro y a alguien le parece que es poco serio, es algo que escapa de mis manos, pero mientras estoy escribiendo doy lo mejor que tengo.  Yo no podría escribir algo como Los miserables porque no me duele de la misma forma como le dolía a Víctor Hugo, escribo sobre lo que me pasa, sobre cómo me siento y ahora me siento francamente bien.  Empecé como narrador contando en el colegio los chistes porno que me enseñaba mi tío Héctor y desde entonces mi literatura ha estado siempre muy unida al humor. Lamentablemente, creo que algunas personas confunden el humor con lo trivial y eso es absurdo. Como diría Caetano Veloso en Vaca Profana: “Respeto mucho mis lágrimas, pero respeto mucho más mi reír”

 

Premio Copé de Plata. Cuéntanos sobre el cuento que enviaste. ¿Cómo nació y cómo te animaste a enviarlo?

Yo hace tiempo que estaba bloqueado, no escribía mucho, casi desde que terminé Un Hombre feo escribí cosas muy cortas, nunca un cuento largo.  Estaba bloqueado un año, más de un año, intentaba a veces, pero nada. Recuerdo que un día fui a Don Lucho y estábamos tomando unas chelas, estaba Kara con Juan Pablo Mejía y Cristian Briceño, que acababa de ganar el premio de Caretas. Y como recién ese día lo conocí, él estaba que me vacilaba, me decía que había vendido el trofeo por deremate.com y que había apostado toda la plata del premio a las semifinales del mundial. Yo me reía y pensaba: ‘ta mare qué paja que es ser escritor. Y entonces me dije: ¿por qué yo ya no escribo? Podría escribir. Esa noche regresé a mi casa y estuve frente al teclado. Varios días estuve tratando de escribir sin hacer muchos avances, hasta que un día, paseando en bicicleta, iba escuchando música y sonó Libre de Nino Bravo. Yo estaba pegado con esa canción porque recién Kara me había contado que la frase “sobre su pecho flores carmesí brotaban sin cesar” es una metáfora para decir que el personaje se está desangrando. Esa imagen se me quedó grabada. Ahora leo que esa canción cuenta la historia del primer alemán que intentó cruzar el Muro de Berlín y que murió abaleado, agonizando por varias horas al pie del muro porque ningún soldado quiso ir a ayudarlo temiendo que los soldados del otro lado disparasen. Bueno, la cosa es que iba en mi bicicleta oyendo la canción cuando de pronto me acordé de algo que me había pasado hace mucho tiempo en un barquito por el río Amazonas, y que es la historia de este personaje que no ha vuelto al Perú en diecisiete años. El cuento se desata cuando durante el viaje yo le presto mi discman con un disco de Nino Bravo y él lo escucha y llora, llora  porque no escuchaba esa música desde que era un niño y entonces me comienza a contar su historia.

Yo empecé a escribir este cuento como un texto para mi blog donde hablaba siempre de canciones, pero escribí un párrafo y me di cuenta que no iba a ser un post de un blog. Entonces, el texto lo copié en Word y me puse a escribir. Luego, me encerré en mi casa y escribí por quince días como cinco horas diarias, algo que no hacía hace como diez años. Lo empecé a escribir el 5 de agosto y el 31 de agosto fuimos con Kara en un taxi, lo llevamos al edificio de Petroperú, era el último día para entregarlo, nos encontramos ahí con Regina Contreras que también fue finalista del premio. Nos encontramos con unos amigos más y fuimos a chupar al Superba porque para mí era increíble haber vuelto a escribir. Ya para mí era suficiente premio haber vuelto a escribir un cuento de diecisiete páginas que me gustaba, y fui a chupar por eso. Yo jamás pensé que podía ganar, estaba solamente contento por haber vuelto a escribir. Mandé dos cuentos, ese y otro más que se llamaba Química. Y celebré por eso, pero jamás se me ocurrió que podía ganar.

 

¿Sientes que hay una evolución de Un Hombre feo a El Río?

Después de publicar mi primer libro empecé a leer mucho más y sobre todo a escritores clásicos. Mi tía Matilde, que es profesora de literatura, siempre me decía eso: lee a los clásicos. Así que empecé a leerlos: Maupassant, Tolstoi, Chéjov, Gogol, Víctor Hugo.  Y hablando con Kara sobre esto, de la literatura clásica, le decía lo paja que es detenerse en las palabras, en construir poco a poco un cuento y creo que ese, El río, es un cuento en el que me he detenido más, un cuento que me tomó casi tres semanas escribir con un ritmo de cinco horas diarias, repasaba y repasaba, era un cuento que lo escribía lento, no era un despliegue de imágenes, no era una euforia loca como cuando era adolescente, era un sentimiento de tranquilidad, como ir realmente por un río. A mí me parece un cuento totalmente diferente a todos los que he escrito antes y eso es algo bueno.

 

¿Qué opinas de la narrativa actual joven que se está haciendo estos días?

Esto sonará medio hijo de puta, pero no leo narrativa actual, salvo por los libros que me regalan mis amigos, pero como la mayoría de mis amigos son poetas lo que más leo es poesía de mi generación, que es muy buena, pero narrativa casi nada, salvo por los libros de mi pata Gonza (Pedro Casusol). Me gustaría leer a todos pero hay tanto por leer que no me va a alcanzar el tiempo y debo darle prioridad a mis favoritos.

¿Tienes en mente un segundo libro?

Sí, tengo en mente uno, pero lo he anunciado tanto tiempo que ya no sé sí va a suceder. Es un libro que lo va a editar Juan Pablo Mejía de Paracaídas Editores, y va sobre mi vida en el colegio. Cada historia es la de un amigo del colegio.  En principio se llama Orientación Vocacional, yo quiero que sean treinta y tres historias porque es la cantidad de alumnos que suele haber en un salón. Tengo hasta ahora dieciocho historias y debo escribir las otras 15 pero ahí vamos. Lo bueno es que este sábado me voy a juntar con mis amigos del cole y creo que ahí tendré bastante material.

 

Para terminar, una última pregunta: Sé que tú también hacías poesía antes, ¿por qué dejaste de escribirla?

(Risas) A mí con la poesía me sucede distinto que con la narrativa, es como hablar de dos cosas diferentes, como de natación y lanzamiento de bala, digamos. A pesar de que en las dos se trata de trabajar con las palabras, son brutalmente diferentes. Tal vez por eso es que hay escritores que me gustan mucho como narradores y no tanto como poetas. O poetas que cuando narran no lo logran del todo. No escribo poesía porque hace tiempo que no siento esa terrible necesidad de hacerlo. Creo que si tuviera que rescatar todos los poemas que he escrito en mi vida, rescataría dos o tres máximo.  Hace un tiempo, cuando presenté el primer poemario de John Martínez, recuerdo que dije: la poesía es un lugar al que solo se puede llegar naufragando.  Sigo pensando igual. De repente algún día me pasa, pero no puedo sentarme a intentar naufragar, no estoy tan loco.

 

tomado de:
http://www.lahiguerilla.com/2013/01/15/2228/

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noviembre 5, 2012

Imagenatos

Carta de Carlitox (el que dibujó la portada del libro)

marzo 19, 2012

Oe yo quiero leer tus otros cuentos, porque no haces algo así como B-SIDES del Hombre Feo jajajaj Cuando pediste el dibujo para tu libro pensaba en hacerte un hombre que se miraba en un espejo roto y que en el espejo se leyera ¨Un hombre Feo¨ escrito con su dedo como cuando se empañan los espejo con el calor. Pero temí que no me saliera bien así que salió el de la bolsa XD El hombre feo resultó ser poton jajaj oe debe ser difícil hacer el amor siendo un pacae y poco sexy también.

Un hombre feo, ahora gratis en PDF

febrero 24, 2012

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para descargar entrar aquí
http://literaturaenpdf.blogspot.com/2012/02/un-hombre-feo-pierre-castro-borrador.html
y hacer click a la portada del libro

este miércoles: DIA B

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Un hombre feo entre los más vendidos de la FIL! =D

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con los Borradores, esos conches

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de izq a der: Carlos Calderón Fajardo, Pedro Casusol, Katya Adahui, Pierre Castro, Lucho Zúñiga

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de regreso al Yacana!

julio 26, 2011

El Yacana fue uno de los primeros bares en los que leí mis cuentos y aquí vuelvo, años después, invitado por mis amigos Melissa Patiño y Piero Montaldo como parte de los recitales Narrativa Azul que organiza su editorial Azul Editores.Gracias muchachos

leyendo "Gallinazos"

poster del evento

con John Martínez

julio 24, 2011

John Martínez y Pierre Castro

Esta foto es ya de hace algún tiempo cuando presenté junto a Kara,”Collage de viaje” el primer poemario de nuestro amigo John Martínez  que  ahora mismo está a punto de publicar su segundo poemario, titulado: “El elegido”.  Suerte John!


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